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Cualidades del arbolado urbano

Tuesday, June 21st, 2011

Os dejo escrito de Noah la inventora sobre arbolado urbano. Lloyd.

Los árboles y plantas que hay en las ciudades no se escogen al azar, normalmente. Hay varios motivos para seleccionar las especies:

  • Resistencia.
  • Cualidades “sanitarias”.
  • Estética.

Se buscan siempre especies resistentes y adaptables, que encajen bien en el clima de la zona, duren mucho, en buen estado y con poco mantenimiento. Por ejemplo, en climas secos vienen bien especies resistentes a la sequía, como la acacia, el eucalipto o el laurel.

Hoja de Maclura pomifera

Hoja de Maclura pomifera (Naranjo de los Osages), especie resistente al frío y la sequía, y muy buena atrapando partículas en suspensión, como puede apreciarse en la foto.

Además, las características de las ciudades, que son bastante peliagudas, nos hacen seleccionar especies con ciertas cualidades “sanitarias”. En una ciudad tenemos una aglomeración de personas y también de contaminación (coches, industria, etc.), que es poco buena para las personas. Tenemos en las ciudades concentración de CO2, dióxido de azufre, ácido fluorhídrico, óxido de nitrógeno y otros gases y partículas altamente peligrosas para el ser humano. Desde hace bien poco somos conscientes de esta situación y está demostrado estadísticamente que en ciertos sitios industriales (con industria química o siderúrgica, por ejemplo), hay tasas muy elevadas de enfermedades respiratorias, vasculares y cardiacas, cáncer, etc.

Para aliviar esa situación, contamos con el clima (viento y lluvia). Pero ya sabemos que cuando el viento no sopla, la atmósfera de la ciudad se vuelve gris, literalmente. Basta con alejarse unos kilómetros y volver la vista atrás para darnos cuenta de dónde estamos metidos.

También los gobiernos están tomando medidas preventivas (muuuuuuy lentamenteeeeeeeeeeeeeee…): normativas para mejorar los combustibles, alentar el uso del transporte público, los coches híbridos y eléctricos, modernizar la industria, etc. Por ahora estas medidas son insuficientes.

Y, por acabar de alguna manera, también tenemos a nuestras amigas las plantas. No sólo nos han dado a todos de comer (directa e indirectamente) desde que existen sobre la Tierra. También nos han dado refugio, vestido y sombra durante millones de años. Y ahora, además, nos ayudan a combatir alguno de los problemas que hemos mencionado. Nos sirven como filtro de aire. Absorben ciertas impurezas químicas. Y, además, atrapan con sus hojas el polvo y las partículas en suspensión. Un estudio de 1997 indica que en la ciudad de Chicago los árboles recogieron 5.575 toneladas de porquería del aire. A mí siempre me han llamado la atención unas plantas feúchas (para mi gusto) y que además pinchan. Se llaman “espinos de fuego” (Pyracantha coccinea) y en mi barrio las llamábamos “árbol de los tomatitos”, porque tienen unos pequeños frutos rojos o naranjas que utilizábamos como proyectiles cuando llegaba el colegio en la estación de otoño/invierno. Esta planta es una especialista recogiendo partículas en suspensión, igual que el boj y algunas especies de eucalipto.

Otras habilidades de los árboles y las plantas son mantener la temperatura y la humedad, purificar el agua (porque absorben con sus raíces muchas sustancias nocivas que de otra manera irían a parar a las aguas subterráneas), aliviar el impacto de la radiación solar y del ruido (disminuyen la “reverberación” del sonido)… Y, por si fuera poco, tienen efectos beneficiosos para el estado anímico de los homo sapiens y otros animalitos que conviven con ellos. Por supuesto, también sirven para esconderse detrás, construir casas en su copa (como la de Tarzán), dejar constancia del amor que siente Raúl por Jessica (práctica nada recomendable la de “tatuar” la corteza de los árboles) y dar cobijo a gatos para que luego vengan los bomberos a rescatarlos.

Si hubiese que escoger una especie representativa de todo lo dicho hasta ahora, probablemente me quedaría con el Ginkgo biloba. Vive hasta 1.000 años y es uno de los pocos “fósiles vivientes” que tenemos (hay fósiles de ginkgo de 170 millones de años de antigüedad), forma parte del arbolado urbano de ciudades de todo el mundo (buena adaptabilidad) y es fetén “limpiando” el aire. En Tokio (Japón), por ejemplo, tienen más de 60 mil ejemplares. Y, además, hay ejemplares supervivientes de la bomba atómica de Hiroshima a un kilómetro del epicentro, que no sólo sobrevivieron a la onda expansiva, sino también a la radiactividad. Algunas partes del ginkgo tienen propiedades medicinales asombrosas. Es, sin duda, un árbol que merece un artículo sólo para él.

Los árboles son nuestros amigos silenciosos.

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